miércoles, febrero 02, 2011

GUERRAS DIGITALES: LOS DINOSAURIOS CONTRAATACAN

No soy muy dado a las teorías conspiranoicas que tanto gustan a muchos internautas, pero los hechos hablan por sí solos: en España (y en algunos otros sitios) estamos viviendo desde unos dos años un ataque sin parangón a Internet, una auténtica guerra digital (¿la primera?) con el único objetivo de controlar y/o limitar los efectos de una Red libre como la que hemos tenido hasta ahora.

Como siempre que se produce una revolución, e Internet lo es en casi todos los aspectos, sociales, económicos y hasta políticos, las viejas estructuras de poder salen de sus madrigueras de caoba y pan de oro e intentan sofocarla, controlarla o, cuando menos, minimizar sus efectos. Son los viejos dinosaurios, que se niegan a extinguirse, y que lucharán a sangre y fuego para mantener su estatus de privilegio frente a la nueva raza, más rápida y ágil, que tarde o temprano acabará con ellos.

Hablo, claro está, de aquellos que no han querido o sabido adaptarse a la nueva era digital. Grandes empresas muy asentadas y con ingentes beneficios que ven como Internet, los nuevos negocios digitales, y sobre todo unos ciudadanos más informados, conectados y exigentes que nunca, les generan problemas constantes y una pérdidas evidentes en sus cuentas de resultados, porque escapan a su control de la información y buscan alternativas mejores gracias a Internet.

Hablo de industrias culturales como las discográficas, las productoras y distribuidoras de cine y televisión, las editoriales de libros y por supuesto las entidades de gestión de derechos de autor y sus mamporreros los "autores" consagrados (no todos, por suerte), que fuerzan a los políticos a aprobar legislaciones como la Ley Sinde, cuyo único objetivo es intentar frenar a los negocios digitales, legales o no, saltándose a la torera a los jueces para tener el poder en sus manos de cerrar cualquier sitio web que se les antoje sin que nadie pueda decir nada. Una ley mordaza para acallar las voces discrepantes... y los negocios que hacen temblar a sus viejos accionistas.

Hablo de medios de comunicación tradicionales, como la prensa escrita, la radio y la televisión, que lanzan (no todos, pero sí muchos de ellos) andanadas constantes sobre las maldades que esconde Internet, en una ya larga campaña de descrédito a todo lo que huela a digital: noticias sobre pederastia, tráfico de drogas, terrorismo, pornografía, virus informáticos, pirateria, lo malos que son Google o Facebook y mucho más: todo es culpa de Internet para ciertos medios.

Hablo, cómo no, de las grandes empresas de telecomunicaciones que ven cómo se reduce su negocio monopolístico gracias a herramientas como Skype o WhatsApp, y preparan importantes subidas de los precios de las conexiones a Internet, y amenazan de forma constante con el siguiente paso, que será acabar con la neutralidad de la Red para controlar ellos todo el negocio online y que ni un euro escape de sus garras.

Hablo también de políticos que no entienden Internet, y que si la entienden sienten miedo porque da la información y el poder al pueblo para tomar decisiones, para organizarse, para exigir y en último término para lanzarse a la calle para lograr cambios, como ha ocurrido en Túnez y ahora en Egipto.  Políticos que cortan Internet para dilatar su caída en desgracia, como en el propio Egipto, o crean legislaciones dictadas por esas viejas industrias a las que tanto deben, también con el objetivo de controlar lo que los ciudadanos puedan hacer fuera de su mirada. Políticos que atacan por todos los medios posibles a oasis de libertad como Wikileaks.

Da la sensación de que todos ellos, todos esos dinosaurios, se hayan puesto de acuerdo a la vez para crear la tormenta perfecta que acabe con la libertad de Internet, para atacarla desde todos los frentes. Para eliminar las voces discordantes y controlar el negocio, y para evitar su inevitable declive.

Pero, ¿sabéis qué? Son dinosaurios. Van a extinguirse. Y no podrán evitarlo. Ya es tarde para ellos. Más les valdría unirse a la gran marea digital y tratar de aprovechar las ventajas de Internet para su beneficio, porque ya somos demasiados los que estamos enfrente, y los que pelearemos por un futuro mejor, más libre, más informado, más conectado.

Será una guerra dura y difícil, habrá muchas bajas y perderemos algunas batallas, pero la victoria será nuestra. Podrán dilatarla, podrán entorpercerla, pero jamás evitarla. Porque son dinosaurios y van a extinguirse. Alea jacta est, amigos, hace tiempo que cruzamos el Rubicón, y nadie podrá quitarnos las libertades que gracias a la Red hemos conquistado.

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